Podemos entender que el término ACI hace referencia a un grupo o colectivo. Pero si tratamos de localizar puntos comunes, siempre surgen dudas sobre qué es o no es. Sobre si este rasgo o aquella conducta resultan característicos de una alta capacidad intelectual. Sabemos que existe una gran diversidad tanto en la aproximación teórica como en las pruebas o evaluaciones que se realizan, baremos, etc. Por tanto, ¿tiene sentido hablar de diversidad? ¿Es posible superar las diferencias a la hora de separar lo esencial de lo accesorio o adyacente?
Pensamos que sí, que es posible manejar la incertidumbre de lo que nos hace ser como somos; tanto desde el enfoque de la aceptación y validación de lo que a cada persona individual nos hace únicos, como entendiendo las diferencias existentes en el «espectro» de la alta capacidad intelectual.
Se trate de cuestiones biológicas-hereditarias y/o neurofisiológicas, como también del ambiente en que crecimos y nos desarrollamos, hasta de nuestras peculiares filosofías de vida, intereses o hábitos.
Las investigaciones señalan una plétora de aspectos (entre los cuales algunos de los que acabamos de mencionar) que condicionan y modulan la inteligencia y los perfiles de ACI. Además, cada autor/a, modelo o disciplina investiga poniendo el foco en diferentes elementos relacionados con la persona y la inteligencia, que se presentan de manera heterogénea en las personas de alta capacidad intelectual:
Por poner algunos ejemplos, se estudian asuntos tan diversos como:
- El fenómeno de las sobre-excitabilidades
- Las diferentes expresiones de la superdotación (giftedness) en mayor o menor grado
- La relación de todo lo anterior con perfiles de personalidad, creatividad o interconectividad cerebral
Desde investigaciones neuropsicológicas, a psicoterapias específicas basada en experiencias y particularidades de la ACI, hasta proyectos educativos o de mentoría centrados en el desarrollo de talentos, entre muchos otros. Cada aproximación puede estar interpretando la alta capacidad intelectual en función del contexto, la persona o personas involucradas, y la concepción de qué es la inteligencia o cómo abordar los retos que ésta conlleva, de maneras muy dispares.
Por si fuera poco, esta multidisciplinariedad se traslada con frecuencia a las redes sociales y así la diversidad (como también, a menudo, la confusión) se dispara debido a la superficialidad e inmediatez del lenguaje, que se ve adaptado, reducido a un formato donde predominan las opiniones subjetivas y experienciales (frente a lo pausado del análisis contextual); las etiquetas con características que se asocian a las personas de alta capacidad se emplean a menudo como si todas fueran derivadas de una cualidad innata, igual para todos, sin tener en cuenta todos los matices y perspectivas que hemos mencionado anteriormente. Esto es problemático, en todos los casos.
Pareciera que estamos ante una dualidad inevitable: complejidad-simplicidad. Y es cierto, esta convive con nosotros y puede resultar difícil de manejar. Creemos que desde la humildad intelectual conviene asumir que siempre hay lugares comunes al tiempo que hay y habrá espacios de aprendizaje constante. Además, las distintas áreas de conocimiento, las experiencias vitales, humanas, son todas dignas de estudio y atención.
Nos gustaría que esta pequeña reflexión sirva de invitación a aplicar el pensamiento crítico y a evitar la exclusión de todas las aportaciones que, cada una desde su posición, enriquecen tanto el autoconocimiento como la investigación científica.